Duérmete, niño.
en sonriente hipnotismo, y la promesa implícita de la más pura entrega no han sido suficientes, me acerco lentamente hacia tu espalda, me detengo por última vez embriagado en tu perfume con un lento y suave respirar, me inclino y recojo mi tesoro con cuidado, le quito el polvo y cerrando mis ojos con un beso lo despido prometiéndole no descuidarlo ni exponerlo nuevamente en vano motivado por mi instinto soñador.
Mea Culpa
Esperando el deseo
Mientras el aire estanco reposa silente.
Sin embargo por dentro me aturden mil ecos
De agudos reproches que aleccionan lo ser.
Los nervios de mis ojos han sido cortados,
El vibrar de mis tímpanos también ha cesado.
Abstraído del mundo en un lapsus indeseado
Quemándome vivo por dentro y consumiendo mi ser.
Y es el olor de mi carne quemada,
El veloz rechinar de mis pelos arder,
Sumado al recuerdo de tu dulce presencia
El doloroso reflejo de sentir mi esencia arder.
Y ya resignado sabiéndome polvo
Levanto mis ojos hacia el vasto cielo
Buscando la luna entre tanta negrura
Maldiciendo la dicha de amar como sé.
Ya expiado y purgado el penoso pecado
Más que secos marchitos los labios quedaron,
Sin dulces palabras ni tan bellos nombres
Olvidando el sentido de su propio ser.
Vacío y perdido ahora me encuentro
Tras la lobotomía de este crudo impás,
Esperando cumplir el dichoso deseo
Que sonriendo a tus ojos supe pronunciar.
Caprichosa tenacidad
Me preguntas nuevamente
Mientras mi propio silencio
Me incomoda penitente.
Y al levantar mi mirada sutilmente
Tus ojos complacientes me demuestran
Que compadeces y comprendes nuevamente
La naturaleza de mi romántico ademán.
E indagando en la confusa situación
Interpelas mi tenaz decisión
De aferrarme a un rostro que no brilla,
Ni sueña ni susurra por mi voz.
Y nuevamente el silencio me señala,
Evidente responsable de mi obrar,
Acusándome de terco y necio
Sabiéndome conocedor de algún final.
Y es que ciertamente sobre mí espalda pesa
El innegable capricho del deseo,
Que ilusorio alimenta mi existencia
Aún sabiéndolo un placebo temporal.
Y de repente fuertemente me sacudes
Intentando devolverme mi razón
Al verme lejos de un final al menos triste,
Más bien en total desolación.
Y es el rechazo el que resuena en mis oídos,
Y el destrato que mis manos han sentido,
Lo que contigo aún aqui a mi lado
No razono y no logro asimilar.
Y si me preguntas nuevamente luna mía,
Si más vale su presencia o mi entereza
Ya conoces la respuesta aunque pese:
La tristeza mi camino va a adornar.
La vida de las mariposas
Iluminando mi rostro y y adornando mi andar
Devolviste el semblante que temía olvidar.
Encarnaste anhelos superando recuerdos
Con simpleza y pureza que no supe abrigar.
Acostumbróse mi cuerpo a tu simpatía
A andar a tus tiempos y siempre en cercanía.
Olvidé mis pasiones y aún así vivía
Con la certeza de que esto nunca se acabaría.
Siete primaveras endulzaron mis días
Con graciosas memorias que no habré de olvidar,
Y celebraba orgulloso tan sublime conquista
Aunque en silencio que no supe evitar.
Ocaso
Mecíanse las hojas en gracioso descenso
Mientras mis ojos nublados no dejaban de negar
El irremediable destino de un hijo del alma
Que con ni en mil años acabaré por llorar.
Y caían sobre mis hombros infudados pensares
Que ingenuamente me hicieron creer
Que perdiendo la voz que alegraba mis sueños,
A mi lado y por siempre ibas a florecer.
Más poco duró aquél breve trecho
En que juntos los dos lloramos pecho a pecho
Andróginamente cobijando el amor
Ocultando el sentir de un pútrido hedor.
Y fue así que en somnoliento imprevisto
Cambiaste mis sueños por un crudo adiós,
Despojando de un soplo a mi cuerpo y alma,
Olvidando promesas que el tiempo borró.
Persistencia
Abril II
Hoy tan sólo un recuerdo que susurra distante
Y entre sueños hoy te encuentro.
Y doblegas anhelos, asumiendo que el tiempo
En que juntos brillamos ya no volverá.
La Ilusión
Reincidente
Conclusión funesta
¿Y qué es de una vida sin amor?
¿Y por qué pasar una vida soñando en el cuerpo que no soy?
Abandonar el muerto cuerpo no es morir.
Abril
Gratas muecas remembrando la sonrisa
Que en un tiempo ya lejano esculpías
En mi rostro con tu simpleza y alegría.
Breve lapso en que en la noche sorprendiste
Simulando tenue sol de primavera.
Suspiraba en inocente regocijo
Por tu aliento tan preciado recobrar.
Y sutilmente mi sonrisa transformóse
En angustioso grave llanto que no olvido,
Suplicante al sentir que entre mis brazos
Escurríase tu belleza, fiel amiga.
Sobre el olvido.
Soñador

¿Eres consciente de ser siempre un soñador?
Mientras la inmensidad del paisaje me recuerdaLa lejanía de mi triste procedencia,Algo de sí profundo en mí más bien fomentaMi inevitable y romántico ademán.
Y es ciertamente este innegable infortunio
El que distante e inocente me permite
Soñar contigo, lo que he visto e idealizo,Sin jamás poder ese ideal decepcionar.
II - El Velo, adagio expressivo
La impertinencia desdibujó mi mesura
Por mero capricho de Bacco,
Vulnerando todo artigulogio
Por domar mi penoso interior.
Y fue así que en inexorable reflejo
La perplejidad de zafiros provoqué
Al la altivez de tus manos conquistar
Con a las mías tras tímido ademán.
Y luego de esto no hay esmero que alcance
Para citar con palabras siquiera una parte
Del sublime sentir en el que sumióme al instante
La inesperada dicha de tu respirar compartir.
Más no duró mucho el efímero lápsus,
Pues yo soñaba mientras tú dormías,
E invadióme la angustia de la innegable realidad
Al notar que tus manos jamás dejaron de escamar.
Y era la inocente sobervia de tu temple
Quien la pureza de tus ojos escondía
Tras espeso y necio velo glacial
Privandonos en vano de su auténtico alumbrar.
E intentó la congoja muy profundo en mí irrumpir
Al por fin tu lánguida lengua articular
Aquellas palabras con las que callé al oír
El desgarrador grito de mi paisaje interior.
Más sólo por eso jamás hubiera renunciado
A descubrir la belleza de aquél tímido y preciado,
Ya hoy bien sabes, mi objeto deseado,
Y su corazón acariciar.
Y doy gracias a la tenacidad de inquirir,
Ya no en lo fugacidad de la seda de tus labios conquistar,
Más por el espeso velo que te ahogaba quitar.
Aprisionábate expectante mi suplicante mirada
Cuando por fin exhaló tu alma en dulce suspiro,
Envolviéndo mi cuerpo en un gozo perplejo,
La más bella escencia de tu aletargado interior.
Y aún después de tan bello y sincero acto
Reina y oprime en mí la nostalgia
Del indeseado posible de obligarme a olvidar
La proeza de tras el velo haberte podido observar.
Breve sentimiento del presente con reflexión futura
Tengo mil lágrimas para derramar pero no tengo por quién.
Tendría por quién pero no me corresponde.
No me corresponde y aún así la pretendo.
Luego...
Muchos temen a la muerte,
Más yo la prefiero, a vivir sufriendo.
La culpa implícita
Lo impensado acusado de imprudencia trajo sorpresa: el preciado gusto de lo ya olvidado. Pronto las caricias se convirtieron en un eco más de las mudas palabras que en nuestro mirar se comenzaba a adivinar, mientras la injusta distancia ocultaba sus lenguas celosamente ayudada por la razón. Pronto asumiríamos el desgraciado final, pero aquellas palabras que nunca fueron voz ni susurro fueron cómplices en cada roce, denotando el genuino gérmen de lo que nadie osa decir, exonerando así toda culpa, pues jamás podría haber dejado de probar la dulzura del fruto que brotó el día en que todo lo que, quizás por ingenuo soñador, quizás por exigente, creía no podría encontrar. Y aunque me sienta inocente de cualquier acusar, pues ese cadáver sobre mí no ha de pesar, me veo obligado a esbozar mis tímidas disculpas.
Imprevisto
Y habrá sido por tanto recuerdo que aquella noche devolví tu rostro a tantas memorias. Y encontrándome hoy tan vanamente expuesto entiendo que fuiste experiencia, luego recuerdo, hoy rostro y sobre todo angustia.
Sobre el amor, el deseo y el sujeto

"Estamos más enamorados del deseo que del objeto deseado"F. Nietzsche, Más Allá del Bien y del Mal
Cuántas noches habré pasado anhelando mi deseo. Tan bellos recuerdos guardo, nostalgia de mil días. Y a todo esto yo he escrito:
"Abrazado por recuerdos sin rostro me encuentro. Extrañando sentimientos, mas no un nombre puntual..."
Al parecer es así, estoy enamorado del amor, más no de un nombre puntual. Quizás sea cierto esto, irrefutablemente cierto. Nada de aquellos sentimientos me queda, sólo recuerdos. Pero, ¿Cómo conocí el amor? Esta pregunta me lleva a creer que sólo conocí el amor, mi deseo, luego de haber amado al sujeto deseado. Qué extraño me resulta todo esto, construir los cimientos del más preciado deseo a partir de algo tan efímero, que el deseo perdure por sobre las ausencias y que el sujeto con el que uno aprende pase a ser sólo un bello recuerdo en el que formaba parte de aquella comunión llamada amor.
Luego, todo cesa, las promesas van dejando oír su último eco antes de fundirse en la eternidad del silencio desgarrando todo temple. El adiós significa la muerte de todo aquello que habíamos vivido, pero al menos hemos aprendido algo, conocido el sabor de nuestro deseo, y ¡Ay!, ¡Nunca más podremos librarnos de él!
Evidentemente este hallazgo en Nietzsche me trajo un poco de tranquilidad, pues al parecer no estoy tan loco. ¡Cómo amo el amor! Pero qué complicado resulta amar algo que jamás tendré. ¿Cómo abrazar un deseo, besar su rostro? Qué digo... ¿Cuál es su rostro? ¡Amo el amor! ¡Deseo el amor! ¡Amo el deseo! Pero sólo pude conocer el deseo a través de ojos reales, sinceros, efímeros pero tangibles. Definitivamente me es inevitable, amo el amor, pero necesito amar. Un necio sería si lo negara, pues mi propia cita me lo recordaba líneas después:
"Abrazado por recuerdos sin rostro me encuentro. Extrañando sentimientos, mas no un nombre puntual.Pues ese negro vacío en la imagen tomó prestada. Un angelical rostro sin permiso."
La Memoria de la Luna
Presta nuevo oído a esta penosa alma
Que en todas sus noches ha hallado consuelo
Mecida en tus maternales rayos,
Dialogando con su profundo silencio
Con tu nostálgica y fría voz,
Mientras callas al adverso mundo
Con tu baño de plata y paz.
Reconoce tu rostro de inmemorial sabiduría
En el fiel reflejo del vasto océano,
Que angustiosamente el paso del tiempo
Con sin fin de lágrimas ha sabido llenar.
Y es que hasta el viento con tanto vigor
Titira rugiendo tras la ciega ventana
Sin malicia aparente, más si honestidad
Recordandome a gritos mi gris soledad.
Y es la noche con su eterna negrura
Que inexorablemente mi pena despierta
Poniendo ante mi en bandeja de plata
Los restos del muy anhelado y preciado amor.
Y has sido tu, ojalá me perdones,
Quien en medio de esa uniforme negrura
Has iluminado con este mismo baño
El melancólico recuerdo de un tiempo anterior.
Tras estas palabras tu rostro mengúa
Mostrando iracunda tu filoso cuerno
Al creer al oír mis tímidas palabras
Equívocamente un injusto acusar.
Buscando tus ojos tras una inoportuna nube
Explico sereno aquellas palabras,
Agradeciendo a tu luz gozar de la dicha
De aún hoy en día el amor recordar.
Grito de piedra

Transita la brisa mis profundos vacíos
Dejando oir su penoso sollozo
Tras su caricia nostálgica
En mi reino azul ultramar.
Desgarra y penetra la fría mortaja
Cavando en el deseo de anhelos sin nombre
Opacando el reflejo de la ya viuda luna
Tras un inmenso velo de gris soledad.
A lo lejos resuena en abismos de tiempos
Un perpetuado grito de un mudo ancestro
Que sepulcral y sereno despide con resabio
Su último y querido suspiro intra aural.
Quedandose seco como sauce añejo
Contemplando absorto aquél último destello
Despide su escencia con una inmensa lágrima
Y secándola con un trémulo adiós.
Y así inerte en medio de vastas tinieblas
Posando sin vida junto a pútridas aves
Su silueta completa la marmórea fuente,
Fiel monumento de mi miseria interior.
Turner
Ausencia
En el rincón de lúgubres grises
Se encuentra mi lira ahogada,
Sin el aire de tu aliento.
Espesura blanca, radiante como la nieve.
Brillantez endulzada por mi sentir.
Mi Estrella.
Triste corazón el que la distancia deja.
Rebalsa, rebalsa en acuosas sales.
Gime de dolor, triste corazón,
Desmembrándose con cada palpitar
Al mirar y no encontrarte,
Mi estrella.
Recuerda, rebalsa, añora, extraña
Recuerda, se ahoga...Te ama.
04/07/05
Historia de mi nacimiento
Sin saber realmente nada vine al mundo.
Con mi nacer empecé a aprender todo lo que ahora sé.
Mi estrella dulcemente me dijo:
"Fue muy simple,
Me miraste y te conquisté,
Moriste por mi,
Me besaste y volviste a nacer."
27/06/05
Ceniza ilusoria
Barroque
El Barroco se muestra como una contraposición al Renacimiento, donde el arte se encontraba rígidamente estructurado por reglas y leyes, con un criterio estrictamente sobrio, para reemplazarlo por una nueva búsqueda de expresividad. Esta expresividad encontró en la ópera Italiana su su fundamental representante ya que le brindaba un alto nivel de dramatismo, expresividad y espectacularidad. El contraste se convirtió rápidamente en la forma adoptada por los artistas barrocos para representar estados de ánimo de la manera más marcada posible. En pintura este contraste fue llevado a su máxima expresión con la técnica del claroscuro. Junto a esta nueva concepción del tratado de la luz en el barroco también podemos encontrar no solo temáticas recurrentes sino también ciertos objetos o utilitarios como cráneos humanos y velas que se encontrarían presentes en gran parte de la pintura de este período, marcando una tendencia y estilo nuevo denominado tenebrismo.
El claroscuro fue una innovación del Barroco y, obviamente, tuvo como eje central la expresividad en la pintura, no en el dibujo como en el Renacimiento. Su máximo exponente fue Caravaggio, quien se radicó en Roma, y que con su técnica del tratado de las luces, las sombras y el color se convirtió en modelo de muchos otros pintores de este período. El tenebrismo barroco tuvo un lugar privilegiado entre las obras de Caravaggio, entre otros.
Requiem III
Ingenua la luz de la luna me abrazatiñiendo de elegante plateado
parte de mi solitaria figura,
que aún en vano piensa en tí.
Arrancas de mí todo deseo
del aquí hoy vivir
al verse forzada al sin tí deambular.
Ser un vago espíritu errante,
vacío por dentro,
morando por los senderos de la melancolía.
Encontrando en cada figura
una imagen que no fue.
Y con tan duro pesar
desde lo más profundo de mi esencia
mi alma solloza sin fuerzas
rogando el final de su desgraciado alumbrar.
Con terrible eco sobre la vacía habitación
retuércense mis entrañas
como advirtiendo su goteante final,
mientras cegadas por dolor
mis pálidas manos auxilian mi ser
con el tajante brillo del filoso metal.
Adentrada la noche el cielo suplica
con piadosa lluvia para aquél destino cambiar,
pero ignorado por mi innegociable decisión
su ira desata con un violento chasquear.
Suspiro Intraural...
Empapado en furia me dirijo
hacia aquél verde paraíso donde rechazaste mi amor,
para convertirlo en mi tumba
y mi ya palpable final.
"Hasta aquí llegaron mis pasos,
mi aliento, mi sufrir.
De ahora en mas no será mi alma
la que arrastre los grilletes del
sufrimiento eterno del no tenerte.
Arrastraré mi esencia lejos de aquí,
donde tu nombre no sea más
que el mero recuerdo del porqué
habré quitado mi vida.
Y en mi epitafio no habrá
más que dos palabras:
María Magdalena"
Postmortem
María Magdalena:
¿Qué has hecho, alma mía?
Arrancaste de mí lo mejor que tenía.
Arruinaste esperanzas de por fin algún día
mi profundo secreto contar.
Más quizá no entiendas estas simples palabras
por la gran ironía que te robó de mi lado.
Y siendo ya tarde sólo tengo mis lamentos
de aquella seca tarde de otoño
por tu petición rechazar.
Y es que yo, tan triste e insignificante,
temíame indigna de tu vida acompañar.
Y es así que tras tal cobardía
ofrendo mi vida al dios Poseidón
para así ahogar mi tristeza en la esperanza
de reencontrarte y remediar mi fatal error.
Composición de la melancolía

Reflejada en los viejos cimientos, derretidos por la tristeza,
In Memorian de una Ilusión

Quebrantados en casi imperceptibles trozos
Metamorfosis de arbóreo

desvanecer la desgraciada forma
que en mi andar marchita el verde césped
tras la caída de mis corrosivas lágrimas,
en algo mejor, un árbol, porqué no.
Abandonar la razón humana,
perder el instinto.
No necesitar más que las saladas gotas
que del cielo, tarde o temprano,
indefectiblemente brotarán.
Despreocupar mi esencia de aquello que quizá
nunca tuvo sentido.
Ocupar tan sólo una pequeña parte
de un vasto jardín,
cautivando al menos a una persona
que a su verde consuelo acude.
Ser anfitrión de felinos,
hogar de graciosas aves que con su cantar
retribuirían el espacio cedido.
Tantos buenos motivos como para un tan simple
árbol desear ser.
Tan poco por lo que desear la animada existencia
Fundirme en la eternidad del no volver a sentir jamás.
Nostalgias, preludio de un suicidio emocional.
Plasmandose sobre una fétida superficie
De cardiovascular silueta
Con supremacía se asoma por sobre el resto
De los amorfos sentimientos.
Siendo un inamovible halo de luz,
Que al descubierto deja las ruinas
De un desconsolado camino
Destrozado en nostalgias,
Que con omnipresencia vigila
Desde profundos y negros vacíos
Al alcanzarte impacienta, agraviado
Por el recuerdo de tu imágen.
Tiempo, impiadoso pulso
De incorruptible oscilación.
Agraviador de inestabilidades,
Cégame hasta tu terminar.
Distancia, inquebrantable crematorio
De tolerancia, sembradora de malestar,
Dormiré hasta tu muerte,
Para su figura reencontrar.
Alumbrada por luz de propia prodecencia,
Esculpida sobre marmóreas superficies,
Con magníficos detalles decoradores
De perfección, prominente eres.
Estira tu mano, aplaca sentires
Que agovian mi alma en autopersecusión.
Entibia mi razón, ofuscada en medio
De una gélida e injustificada imaginación.
Devuelve la vida a esta criatura
Que bajo el frío de tu ausencia
Frente al altar por tí construído
Su vida de aliento expiró.
Requiem II ( Suspiro Intraural )
Llevame contigo.
Transformame en desgracia
Aliviando mi dolor.
Abrazo las sombras
De tristes recuerdos
Que al pensar incitan
Despertando fantasías.
Meditando finales
Al compás de la llama
De un desgraciado cirio
Que está a punto de extinguir.
Figuras, extrañas siluetas
Danzando en graciosas pasantías
Frente a mis ciegos ojos,
Replanteando tu accionar.
Abandonar el mundo terrenal.
Brillar en lo alto como polvo estelar.
Abandonar el aliento de tu lánguida lengua
(Y exhalar el contenido aire de tu alma...)
Espíritu, sombra de la muerte
Llévame contigo.
Transformame en desgracia
Aliviando mi dolor.
Enfríame en tu oscura cobija,
Deja atrás mi corpóreo existir.
Detén mi penoso latir
Para nunca mas mis nervios sentir.
Desmiembra mis fuerzas,
Contrae mis pupílas
Endurece mis dedos,
Aniquila mi existir.
"No te acuerdes, Señor, de sus pecados.
Señor, dirige sus pasos en tu presencia
Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
Concédele el descanso eterno,
Y que le alumbre la luz etema.
Libra, Señor, su alma
De las penas del infiemo.
Su alma y las de todos los fieles difuntos,
Que descansen en paz."
Postrado inmóvil
Palidamente yazco.
Cuán tríste me veo,
Mis ojos siguen abiertos.
Y aún en la vigilia del cuerpo
Aquí me veo, sin cuerpo, sin vida.
Perdída en el mas frío punto del cosmos,
Mi alma en pena...
Entre penumbras ahora veo
Antiguas y retorcidas almas,
Voluntariamente de sus cuerpos expropiadas,
Confinandose al eterno sufrir.
¿Qué tristeza terrenal
Podría compararse al sin cuerpo vagar
Embriagado en angustias,
Reflejo del extrañar?
Incorpóreo existir,
Penando eternamente
Con invisibles lágrimas
El inesperado dolor
Del nostalgico recuerdo
De un abandonado pasado.
Crujiendo fuertemente
En rabioso retracto
Mis grises ojos
En mis antiguos retratos
Llorando arrepentidos
Por todo aquello que
Aniquiló mi existir.
Retrato de una desdicha
El ciego Sicario te sepultará.
Súmete de olvido, recubrete de polvo,
Agrieta tu temple.
Resuena en tu soledad...













