Barroque
El Barroco se muestra como una contraposición al Renacimiento, donde el arte se encontraba rígidamente estructurado por reglas y leyes, con un criterio estrictamente sobrio, para reemplazarlo por una nueva búsqueda de expresividad. Esta expresividad encontró en la ópera Italiana su su fundamental representante ya que le brindaba un alto nivel de dramatismo, expresividad y espectacularidad. El contraste se convirtió rápidamente en la forma adoptada por los artistas barrocos para representar estados de ánimo de la manera más marcada posible. En pintura este contraste fue llevado a su máxima expresión con la técnica del claroscuro. Junto a esta nueva concepción del tratado de la luz en el barroco también podemos encontrar no solo temáticas recurrentes sino también ciertos objetos o utilitarios como cráneos humanos y velas que se encontrarían presentes en gran parte de la pintura de este período, marcando una tendencia y estilo nuevo denominado tenebrismo.
El claroscuro fue una innovación del Barroco y, obviamente, tuvo como eje central la expresividad en la pintura, no en el dibujo como en el Renacimiento. Su máximo exponente fue Caravaggio, quien se radicó en Roma, y que con su técnica del tratado de las luces, las sombras y el color se convirtió en modelo de muchos otros pintores de este período. El tenebrismo barroco tuvo un lugar privilegiado entre las obras de Caravaggio, entre otros.
Requiem III
Ingenua la luz de la luna me abrazatiñiendo de elegante plateado
parte de mi solitaria figura,
que aún en vano piensa en tí.
Arrancas de mí todo deseo
del aquí hoy vivir
al verse forzada al sin tí deambular.
Ser un vago espíritu errante,
vacío por dentro,
morando por los senderos de la melancolía.
Encontrando en cada figura
una imagen que no fue.
Y con tan duro pesar
desde lo más profundo de mi esencia
mi alma solloza sin fuerzas
rogando el final de su desgraciado alumbrar.
Con terrible eco sobre la vacía habitación
retuércense mis entrañas
como advirtiendo su goteante final,
mientras cegadas por dolor
mis pálidas manos auxilian mi ser
con el tajante brillo del filoso metal.
Adentrada la noche el cielo suplica
con piadosa lluvia para aquél destino cambiar,
pero ignorado por mi innegociable decisión
su ira desata con un violento chasquear.
Suspiro Intraural...
Empapado en furia me dirijo
hacia aquél verde paraíso donde rechazaste mi amor,
para convertirlo en mi tumba
y mi ya palpable final.
"Hasta aquí llegaron mis pasos,
mi aliento, mi sufrir.
De ahora en mas no será mi alma
la que arrastre los grilletes del
sufrimiento eterno del no tenerte.
Arrastraré mi esencia lejos de aquí,
donde tu nombre no sea más
que el mero recuerdo del porqué
habré quitado mi vida.
Y en mi epitafio no habrá
más que dos palabras:
María Magdalena"
Postmortem
María Magdalena:
¿Qué has hecho, alma mía?
Arrancaste de mí lo mejor que tenía.
Arruinaste esperanzas de por fin algún día
mi profundo secreto contar.
Más quizá no entiendas estas simples palabras
por la gran ironía que te robó de mi lado.
Y siendo ya tarde sólo tengo mis lamentos
de aquella seca tarde de otoño
por tu petición rechazar.
Y es que yo, tan triste e insignificante,
temíame indigna de tu vida acompañar.
Y es así que tras tal cobardía
ofrendo mi vida al dios Poseidón
para así ahogar mi tristeza en la esperanza
de reencontrarte y remediar mi fatal error.
Composición de la melancolía

Reflejada en los viejos cimientos, derretidos por la tristeza,
In Memorian de una Ilusión

Quebrantados en casi imperceptibles trozos
Metamorfosis de arbóreo

desvanecer la desgraciada forma
que en mi andar marchita el verde césped
tras la caída de mis corrosivas lágrimas,
en algo mejor, un árbol, porqué no.
Abandonar la razón humana,
perder el instinto.
No necesitar más que las saladas gotas
que del cielo, tarde o temprano,
indefectiblemente brotarán.
Despreocupar mi esencia de aquello que quizá
nunca tuvo sentido.
Ocupar tan sólo una pequeña parte
de un vasto jardín,
cautivando al menos a una persona
que a su verde consuelo acude.
Ser anfitrión de felinos,
hogar de graciosas aves que con su cantar
retribuirían el espacio cedido.
Tantos buenos motivos como para un tan simple
árbol desear ser.
Tan poco por lo que desear la animada existencia
Fundirme en la eternidad del no volver a sentir jamás.
Nostalgias, preludio de un suicidio emocional.
Plasmandose sobre una fétida superficie
De cardiovascular silueta
Con supremacía se asoma por sobre el resto
De los amorfos sentimientos.
Siendo un inamovible halo de luz,
Que al descubierto deja las ruinas
De un desconsolado camino
Destrozado en nostalgias,
Que con omnipresencia vigila
Desde profundos y negros vacíos
Al alcanzarte impacienta, agraviado
Por el recuerdo de tu imágen.
Tiempo, impiadoso pulso
De incorruptible oscilación.
Agraviador de inestabilidades,
Cégame hasta tu terminar.
Distancia, inquebrantable crematorio
De tolerancia, sembradora de malestar,
Dormiré hasta tu muerte,
Para su figura reencontrar.
Alumbrada por luz de propia prodecencia,
Esculpida sobre marmóreas superficies,
Con magníficos detalles decoradores
De perfección, prominente eres.
Estira tu mano, aplaca sentires
Que agovian mi alma en autopersecusión.
Entibia mi razón, ofuscada en medio
De una gélida e injustificada imaginación.
Devuelve la vida a esta criatura
Que bajo el frío de tu ausencia
Frente al altar por tí construído
Su vida de aliento expiró.
Requiem II ( Suspiro Intraural )
Llevame contigo.
Transformame en desgracia
Aliviando mi dolor.
Abrazo las sombras
De tristes recuerdos
Que al pensar incitan
Despertando fantasías.
Meditando finales
Al compás de la llama
De un desgraciado cirio
Que está a punto de extinguir.
Figuras, extrañas siluetas
Danzando en graciosas pasantías
Frente a mis ciegos ojos,
Replanteando tu accionar.
Abandonar el mundo terrenal.
Brillar en lo alto como polvo estelar.
Abandonar el aliento de tu lánguida lengua
(Y exhalar el contenido aire de tu alma...)
Espíritu, sombra de la muerte
Llévame contigo.
Transformame en desgracia
Aliviando mi dolor.
Enfríame en tu oscura cobija,
Deja atrás mi corpóreo existir.
Detén mi penoso latir
Para nunca mas mis nervios sentir.
Desmiembra mis fuerzas,
Contrae mis pupílas
Endurece mis dedos,
Aniquila mi existir.
"No te acuerdes, Señor, de sus pecados.
Señor, dirige sus pasos en tu presencia
Cuando vengas a juzgar al mundo por medio del fuego.
Concédele el descanso eterno,
Y que le alumbre la luz etema.
Libra, Señor, su alma
De las penas del infiemo.
Su alma y las de todos los fieles difuntos,
Que descansen en paz."
Postrado inmóvil
Palidamente yazco.
Cuán tríste me veo,
Mis ojos siguen abiertos.
Y aún en la vigilia del cuerpo
Aquí me veo, sin cuerpo, sin vida.
Perdída en el mas frío punto del cosmos,
Mi alma en pena...
Entre penumbras ahora veo
Antiguas y retorcidas almas,
Voluntariamente de sus cuerpos expropiadas,
Confinandose al eterno sufrir.
¿Qué tristeza terrenal
Podría compararse al sin cuerpo vagar
Embriagado en angustias,
Reflejo del extrañar?
Incorpóreo existir,
Penando eternamente
Con invisibles lágrimas
El inesperado dolor
Del nostalgico recuerdo
De un abandonado pasado.
Crujiendo fuertemente
En rabioso retracto
Mis grises ojos
En mis antiguos retratos
Llorando arrepentidos
Por todo aquello que
Aniquiló mi existir.
Retrato de una desdicha
El ciego Sicario te sepultará.
Súmete de olvido, recubrete de polvo,
Agrieta tu temple.
Resuena en tu soledad...












